La mayoría de las empresas que contratan consultores de estrategia ya saben lo que necesitan hacer. El diagnóstico suele ser claro en las primeras semanas. La estrategia que surge del proceso es generalmente sólida. Y luego, seis meses después de la presentación final, muy poco ha cambiado.
Esto no es un problema latinoamericano. Es universal. Pero ciertas condiciones de la región — estructura organizacional, estilos de liderazgo, restricciones de recursos y el ritmo del cambio de mercado — hacen que la brecha de ejecución sea más amplia y más costosa que en casi cualquier otro lugar.
Por qué falla la ejecución
En nuestra experiencia en la región, los fracasos de ejecución comparten un pequeño conjunto de causas raíz:
- Responsabilidad poco clara. La estrategia define qué debe suceder, pero no quién es responsable de que suceda. Cuando todos son responsables, nadie lo es.
- Sin modelo de gobernanza. No existe un espacio donde se revise la ejecución, se identifiquen los problemas y se tomen decisiones en tiempo real. La estrategia se aprueba y luego queda efectivamente huérfana.
- La estrategia vive en una presentación, no en la operación. Los KPIs no fueron diseñados para monitorear la nueva dirección. Los incentivos no se ajustaron. Las estructuras de reporte no cambiaron. La organización sigue funcionando con el sistema operativo anterior mientras afirma perseguir la nueva estrategia.
- Los primeros 90 días no se trataron como críticos. El impulso se establece o se pierde en los primeros tres meses tras la aprobación de una estrategia. Si nada visible cambia en ese período, la organización concluye — correctamente — que esta estrategia será como la anterior.
El problema del PowerPoint a la Rentabilidad
Usamos la frase "Del PowerPoint a la Rentabilidad" para describir lo que hacemos — y lo que la mayoría de los proyectos de estrategia no logran hacer. Una estrategia que termina en una presentación no es una estrategia. Es una hipótesis. El trabajo de convertir una hipótesis en un resultado es la ejecución, y requiere un conjunto de disciplinas fundamentalmente distinto al de la construcción de la estrategia.
La ejecución requiere responsabilidad clara, un modelo de gobernanza honesto, KPIs que midan lo que realmente importa, una cadencia de seguimiento que obligue a conversaciones reales, y liderazgo dispuesto a tomar decisiones difíciles cuando los datos señalan que algo no está funcionando.
Cómo es una estrategia lista para ejecutarse
Una estrategia está lista para ejecutarse cuando responde cuatro preguntas, no solo una:
- ¿Qué vamos a hacer? La dirección, las prioridades y las decisiones.
- ¿Quién lo va a hacer? Responsables con nombre, no departamentos.
- ¿Cómo sabremos si está funcionando? Indicadores específicos y medibles con metas y plazos.
- ¿Qué haremos cuando no funcione? Un modelo de gobernanza que cree el espacio para identificar los problemas temprano y responder antes de que se conviertan en crisis.
La mayoría de los planes estratégicos responden la primera pregunta en detalle y apuntan vagamente a las otras tres. Ahí es donde vive la brecha.
Los primeros 90 días lo son todo
La ejecución de la estrategia sigue una curva de impulso. En los primeros 90 días, la organización está observando. Los logros tempranos — incluso pequeños — construyen credibilidad y señalan que esta vez es diferente. Los tropiezos tempranos señalan que no lo es.
Las empresas que cierran la brecha de ejecución no son necesariamente mejores en estrategia. Son mejores en tratar la ejecución como una disciplina que requiere el mismo rigor, recursos y atención que el trabajo estratégico que la precedió.
Una estrategia que no puede ejecutarse no es una estrategia. Es una hipótesis costosa.
De la Estrategia a la Ejecución es una de las cuatro áreas de práctica de Romero Consulting. Nos mantenemos involucrados durante la implementación, porque un plan que se queda en una presentación no tiene valor.
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